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jueves, 26 de mayo de 2011

Tradiciones y costumbres, página 31



ANÉCDOTAS
DE CURAS Y MONAGUILLOS:

Don José Luis Pascual fue un cura moderno para su época. De carácter muy recto pero siempre pensando en la juventud. En los bajos de su Casa Parroquial, organizó lo que se llamó el Centro Parroquial, un lugar para reunirnos chicos y chicas donde compartir el ocio. Él adecentó el local y lo pintó. Era un salón amplio, aireado por un ventanal; con chimenea, que encendíamos en invierno para calentarnos, mesas, sillas y un billar. Siempre nos advertía que tuviéramos cuidado con los palos del billar (tacos) y que apuntáramos bien a la bola, pues en caso contrario haríamos jirones al tapete verde. Ni que decir tiene que, a los pocos días de uso, ya estaba rasgado. Se compró un magnetófono de bobina de los de época, marca Grundig, donde se grababa los sermones que luego se  iban a escuchar en el templo.  Los domingos nos daba cine y vimos un montón de películas mudas de todos los astros cómicos. En el tocadiscos que nos prestó, escuchábamos discos de vinilos antiguos, pero nada de baile. Eso era tabú. Le puso sonido e iluminación a la iglesia, repasó las grietas y pintó sus paredes. Incluso se atrevió con los retablos del altar a los que también les dio una manita. Se preocupó de preparar representaciones teatrales, nacimientos y cabalgatas. Entre sus obligaciones pastorales, dio catecismo en la escuela, preparaciones de confirmaciones, comuniones y misiones por la cuaresma con ejercicios espirituales de reconocidos oradores y confesores.
En resumen, éste sí que era un Sr. Cura.
Hay varias anécdotas de este querido y recordado párroco a quien le pusieron el mote de “Pistolas”, entre otras, éstas:
A la salida de celebrar una misa y cuando se iba para La Casa Parroquial donde tenía su vivienda, unos muchachos le mearon desde el campanario y tuvieron tal acierto que lo dejaron perdido. Los reniegos fueron grandes ya que, el miró al cielo de donde caía el líquido, y vio a los mocetes en el campanario con las manos en el “tubo de riego”.
En otra ocasión, acudieron os feligreses a la iglesia a oír la Santa Misa y les dijo que no iba haber misa, pues la parroquia no tenía dinero ni para pan, ni para vino, ni para hostias. Pero la misa se celebró. Quería decirles, de esta forma tan clara, que sus limosnas no cubrían los gastos.

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